Un lugar de conexión

Texto: Valentina de Aguirre Fotos: Teresa Fischer

2022-01-03T08:00:00.0000000Z

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Diario Financiero

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Habitar

La chilena Paula López y el inglés Brian Budgeon se conocieron en Nueva Zelanda. Después de vivir ahí varios años, decidieron volver a Chile, pero con una condición: no a Santiago. Con esa idea, recorrieron el sur, partiendo en Valdivia, para ver dónde podían instalarse. Hasta que llegaron a Puerto Varas. El aterrizaje no fue fácil, por el idioma y por la dificultad para encontrar trabajo, pero se pusieron una meta: encontrar una casa que pudieran restaurar. Brian trabajaba como fotógrafo, pero quería aprender de carpintería, y ese sería su conejillo de Indias, el primer gran proyecto. De eso han pasado 12 años. Finalmente encontraron una casa, que era monumento nacional, y trabajaron incansablemente durante cinco años para restaurarla. Fue un trabajo duro, del que aprendieron muchísimo. Después de un tiempo, y ya con dos hijas, decidieron buscar un nuevo espacio, que les quedara más cerca del colegio. En Frutillar encontraron un lugar impresionante: una casa construida en 1900 -de la que quedaba solo la carcasa- en un terreno de 2 hectáreas. Se demoraron un año y medio en lograr comprarla, pero lo consiguieron. Y así empezó un nuevo desafío. El plan era aprovechar esta carcasa antigua para que Brian construyera su taller de carpintería (@huinca_woodworker) y al lado levantar una casa nueva. Lo primero que hicieron fue arreglar el piso de la casa original, para instalar el taller. Luego, los planos de la casa nueva. Después, construyeron un pequeño garage. Y como suele suceder en estos casos, el presupuesto empezó a escasear y tuvieron que tomar una decisión: en vez de construir desde cero, harían una especie de departamento sobre el taller, aprovechando parte de la casa original. En tres meses lograron armar el espacio, con muchos materiales reutilizados. Abrieron nuevas ventanas para poder mirar el lago y aprovechar la luz, revistieron el cielo con las planchas de zinc ya oxidadas que estaban en el exterior, recuperaron maderas nativas para el piso y dejaron las pocas tejuelas que quedaban a la vista, igual que las vigas. “Recuperar cosas antiguas es mucho más trabajo, pero al final es un camino que hemos elegido, porque para nosotros es importante, es coherente”, cuenta Paula. Pero en un terreno así de grande, el exterior era tan importante como el interior. De hecho, Paula y Brian han logrado que, incluso en una región donde llueve muchísimo, los límites entre estos dos espacios sean difusos. “Nuestro foco siempre ha sido que este sea un lugar para conectarse con la naturaleza”, cuenta Paula, quien dedica parte importante de su día al jardín. Como lo ha hecho en todas las casas donde ha vivido, aquí también armó un huerto. Ahí y en el invernadero, que construyó Brian, crecen todo tipo de vegetales, desde zapallos y kale, hasta frutillas, arándanos y physalis. También aprovechan los grandes árboles frutales que estaban en el terreno, una de las razones que los hizo decidirse por esta casa. En esta tierra fértil, Paula también ha encontrado un lugar para compartir todo el conocimiento que ha adquirido durante estos años. Lo hace a diario en su cuenta de Instagram @mantoverdefrutillar, un manifiesto por la revolución alimentaria y una invitación a producir el propio alimento, y también a través de talleres y cursos que organiza en la casa. Otra de las construcciones que han hecho en el exterior es el fogón, que armaron con ventanas antiguas que no usaron en la restauración y con madera de laurel que recuperaron de un galpón cercano demolido. “Hacer hogar es también habitar espacios y darles significaciones a otras áreas. Tener un espacio para compartir y protegerse del viento junto al fuego, es algo que nos parece muy atractivo”. Y como esta es una casa que está siempre moviéndose y evolucionando -igual que sus dueñosya están construyendo un nuevo lugar: un espacio cerrado y luminoso para hacer de todo: eventos, clases, talleres o para invitar a los amigos a comer. Un espacio donde recibir, siempre con los brazos abiertos y el lago de fondo.

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