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ED Habitar - 2021-09-01

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Refugio al sur del mundo

Botánica

Fotos Eduardo Minte Texto Belén Gallardo Valentina de Aguirre

La GunKación Ieñihué NatuNe ConseNvancy, que hoy MNotege el fioNKo Kel mismo nomJNe en la Negión Ke Los Lagos, nació Ke MuNos imMNoJaJlesE Del KesMeNtaN Ke conciencia Ke un excéntNico emMNesaNio noNteameNicano, la “magia” Ke su hallazgo y la necesiKaK Ke MNotegeN un ecosistema único en el munKoE Charlie Clark era, o tal vez todavía es, un hombre de negocios. Un empresario norteamericano excéntrico, dicen por ahí, que protagonizó una serie de televisión vestido con un ajustado traje verde de superhéroe (The Green Ghost, un juego de palabras que hace referencia al término gringo). Nacido en McAllen, Texas, siguió el negocio familiar y se dedicó a la industria automotriz, convirtiéndose en un importante concesionario en su estado. Si no fuera por el traje verde, podría ser una historia normal. Pero hace algunos años, Charlie empezó a estudiar las plantas medicinales de diferentes culturas de América del Sur. Y todo cambió. “Eso produjo un despertar en mi conciencia. Quedé en contacto con mi lado que valora la naturaleza y nuestra conexión con ella. Así, pasé de ser un hombre de negocios muy lejano a estos temas, a entender que somos parte de la naturaleza y que todos podemos cumplir un rol en la protección de estos vínculos”, cuenta. Al poco tiempo viajó a Chile por un proyecto y sintió el llamado de la madre Tierra: tenía que buscar un lugar para proteger. Y como si la misma madre Tierra lo hubiera puesto en su camino, descubrió que Reñihué –un terreno de más de 700 hectáreas, que fue el primero que compró Douglas Tompkins al llegar a Chile en 1991– estaba a la venta. “Me sucedió algo mágico: desde el segundo que puse mis pies en Reñihué, supe que este era el lugar que tanto había buscado”. El fiordo Reñihué, que está al sur de la región de Los Lagos, al lado del Parque Nacional Pumalín Douglas Tompkins, es el último gran valle de Chile que no ha sido intervenido por el ser humano. Es refugio de un ecosistema único, que va desde el borde costero marino hasta las más altas cumbres andinas, sin ser interrumpido por ninguna carretera, puente o construcción. Un pequeño gran oasis, donde en 1991 se gestó el proyecto de conservación más grande del mundo. Mientras compraba Reñihué, hace casi cuatro años, se enteró de que había un proyecto que buscaba extender la Carretera Austral, cruzando el valle de bosques nativos y dividiendo en dos el corredor biológico que une la cordillera con el mar. Y aunque afortunadamente hace poco tiempo recibieron la noticia de que el proyecto se había detenido, el trabajo de la fundación sigue siendo intenso, respetando también la promesa que le hizo Charlie a Kristine Tompkins: continuar con su visión y compromiso hacia ese lugar increíble. Este bosque, que se entreteje con ríos, esteros, arroyos y lagos, es el refugio de muchas especies únicas. Uno de los protagonistas es sin duda el gato güiña, uno de los felinos más pequeños del mundo, endémico de los bosques del sur de Chile. También hay pumas, pudúes y chucaos, que se acercan dando saltitos a los pocos que pueden acceder a esta selva fría. En los rincones más antiguos del bosque, el carpintero negro construye su guarida, que apenas es abandonada es usada por el concón, un búho de grandes ojos cafés. También llegan ciervos volantes –insecto que con sus largas mandíbulas excava la madera– y el abejorro chileno, vital polinizador de estos bosques. “Yo considero que Reñihué es un lugar sagrado y mi labor es que siga siendo así, por eso comencé esta fundación, porque no será una herencia para alguien más, sino que será un lugar protegido para todos”, dice Clark. Por ahora el fiordo Reñihué está abierto solo a científicos que van a estudiar este ecosistema, pero en su interior hay mucho movimiento. Foto: Valentina Alarcón

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