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ED Habitar - 2021-09-01

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Oficinas Meteoro

Taller

Fotos Valentina Osnovikoff Texto Vadim Vidal

EXPERIMENTACIÓN PASO A PASO En plena avenida 10 de Julio, en la comuna de Santiago, entre repuestos de automóviles y torres de departamentos, se instaló un lugar de mil metros cuadrados para talleres y residencias de artistas jóvenes. El esfuerzo de dos hermanas que, paradojalmente, ha logrado mantenerse con vida gracias a la pandemia. En la actualidad, las antiguas oficinas de la automotoNa, las ocupan 13 aNtistas jóvenes, desde quienes tNabajan en ceNámica, hasta un tatuadoN. Era un proyecto de unos pocos meses, pero entre 2019 y 2021 se transformó en uno sin fecha de término exacta. Para bien y para mal. Paulina y Josefina Mellado, hermanas oriundas de Temuco y con una obra que ganaba espacio en el mundo de las artes visuales, ubicaron sus talleres en la casita del cuidador del galpón que su padrastro, Antonio Castillo, tiene en calle Serrano, a escasos metros de la avenida 10 de Julio. Así, entre repuestos de automóviles y el incesante ir y venir de los autos que ocupan las 60 plazas del espacioso estacionamiento del lugar, trabajaban sus obras, que transitan desde la pintura a la instalación. Hasta que les avisaron que la propiedad, de mil metros cuadrados, con dos pisos, nueve oficinas y tres bodegas de grandes dimensiones, sería vendida durante ese año, y que en los meses que quedaban podían utilizarla libremente. “Antes de la pandemia, en Santiago había muchos espacios para exposiciones, entonces nos preguntamos: queremos organizar más exposiciones o usarlo como lugar de trabajo para artistas?”, cuenta Paulina. Pensaron rápido: no existen muchos sitios para que los artistas muestren sus procesos o hagan residencias, tenían un galpón más que amplio a su disposición y espaldas para cobrar menos que por un taller en barrio Italia, por ejemplo. Lo bautizaron Oficinas Meteoro. “El nombre tiene dos acepciones: el personaje de los dibujos animados, que hace referencia al barrio y a los autos, y la rapidez: era un lugar que se podía ocupar por poco tiempo, que no era para proyectos que tomaran, no sé, seis meses, sino que podía durar lo que duráramos nosotras ahí”, complementa Josefina. Era 2019, y ya había un interesado en comprar el galpón. En octubre Chile estalló, la oferta desapareció y las hermanas Mellado comenzaron a habitar ese interregno de fachada amplia en una calle estrecha del centro de la ciudad. La pandemia alargó hasta la incertidumbre la vida útil del proyecto. Existía más allá de lo que pensaron inicialmente, pero la inestabilidad de las normas sanitarias no les permitió planificar en largo. “Yo ya estoy curada de espanto”, dice Josefina, quien se acostumbró a que todo cambiara de una semana a otra. Durante los meses de encierro simplemente no cobraban los arriendos, y los artistas que llegaban a sus talleres lo hacían para encontrar un espacio más amplio que el de sus casas para trabajar. A los interesados les hacen llegar un contrato de arriendo no notariado donde especifican las condiciones volátiles de habitar el espacio. Dicha falta de certezas, el precio de los arriendos y la ubicación, ha hecho que naturalmente los ocupantes de los talleres y residencias sean jóvenes entre 26 y 38 años. “Hay un asunto de estilo de vida; los artistas de más de 50 tienen familias, trabajan en universidades, entonces necesitan arrendar por años, y acá no sabemos cuánto tiempo más estemos; además, los que venden obras sienten que es difícil que el público llegue hasta 10 de Julio”, señala Paulina. Para ellas, el barrio es un plus: “Estamos muy cerca del centro, hay metro y materiales botados en la calle”, señala Josefina, quien ha utilizado cosas que encuentra en las veredas para sus obras. El artista Alejandro Leonhardt también ha aprovechado los neumáticos, que forman parte de su trabajo y que en las calles del sector abundan. Con la experiencia pandémica y dado que los arriendos de talleres suelen bajar en verano, en noviembre de 2020 hicieron una convocatoria abierta para residencias, la que, debido al interés que provocó, dividieron en dos instancias. Cada una contó con cuatro artistas, entre los que se contaron Anastassía Carachi, Paulina Silva Hauyon, Francisca Chacón, Amanda Hansen, Bolgeri & Marín y Pablo Rodríguez. A la vez, desde 2019 mantienen un trabajo conjunto con el Instituto Tele Arte, quienes de hecho abrieron una sala de exposiciones en el primer piso. La información de la exposición es pintada en la cortina ondulada, típica de los talleres del sector. Paulina cuenta que si bien no siguen el modelo, una referencia de lo que hacen pueden ser los antikraak holandeses, tutelas de propiedad con los que las grandes empresas arriendan sus fábricas a artistas para que las ocupen por un tiempo acotado. Hoy, Meteoro es una fundación, un pie en tierra para cuando deban abandonar el lugar, con la perspectiva de seguir existiendo en otras locaciones. Porque la incertidumbre no puede seguir siendo una certeza para ellas.

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