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ED Habitar - 2021-09-01

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Mínima

Habitar

Fotos Pablo Casals Texto Valentina de Aguirre

Chiloé, Chile En esta casa en Chiloé, de los arquitectos Carolina Portugueis y Martín Labbé, el lujo está donde realmente importa: en el lugar. Un refugio en medio del bosque, pensado para compartir en familia, descansar y desconectarse. Después de enamorarse de Chiloé en unas vacaciones familiares, hace más de 10 años, los arquitectos Carolina Portugueis y Martín Labbé, de la oficina Labbé Portugueis, decidieron comprar un terreno en la isla, sin pensar en construir todavía. En esos años ni siquiera existía el aeropuerto que hoy une Chiloé con el continente, de modo que los accesos eran más difíciles y no había tanta conexión. Por varios años lo usaron para ir a acampar junto a sus dos hijos y disfrutar del bosque de arrayanes que rodea este espacio, lleno de chucaos, búhos y pajaritos. Y hace cinco años, finalmente empezaron la construcción. El proyecto siempre se planteó como un espacio para la familia, sin piezas de invitados ni muchos metros cuadrados. Era realmente un refugio familiar. “Fue un ejercicio súper bonito, porque queríamos construir lo mínimo: en términos de presupuesto y en metros, pero que tuviera el lujo del lugar”, cuenta Carolina. Así fue como nació esta cabaña, que deja ver su techo a dos aguas negro en medio de las copas de los arrayanes. La construcción estuvo a cargo de un equipo muy pequeño de maestros de la zona, que no tenían mayores conocimientos en la lectura de planos, lo que derivó en un proceso muy conversado. “Siempre pensamos esta casa para que fuera muy sencilla en sus terminaciones y sencilla también de transmitir a otro para que la construyera”, cuentan. De hecho, recuerdan que muchas veces terminaron haciendo dibujos ahí mismo, pequeñas representaciones de lo que buscaban o proyecciones axonométricas, como las que traen los muebles o juguetes armables. “Fue un proceso bien entretenido”. Para su fabricación decidieron trabajar con maderas: canelo para las vigas principales, pino para el resto de la estructura y un revestimiento interior de tepa, una madera abundante en Chiloé. El exterior fue hecho con zincalum ondulado electropintado. El resultado es una construcción cálida, que se siente como parte del bosque y que se mezcla con el entorno. El programa también fue lo más simple posible: el espacio principal es bastante grande, considerando el tamaño de la casa, de doble altura, y contiene el living, el comedor y la cocina. Ahí es donde pasan tiempo en familia. Además, en el mismo nivel está la pieza de los dueños de casa y en un altillo las piezas de sus dos hijos. “Son espacios muy chiquititos y no están completamente cerrados, están separados por sus clósets. Es como la camita de heno donde vivía Heidi, con una ventanita. Se logra construir cada uno su espacio propio, que es muy distinto a lo que tienen en Santiago, entonces les cambia su estado, entran en un ánimo de vacación”, cuenta Carolina. La casa tiene una terraza que permite duplicar la superficie interior, abriendo aún más el espacio habitable. Y aunque la casa fue planeada como un lugar de vacaciones, también la usan mucho durante el año: tienen varios proyectos en Chiloé, entonces Carolina viaja una vez al mes, desde hace dos años, para hacer visitas de obra. Es casi como una segunda oficina, que les permite estar más conectados y abordar de mejor manera los proyectos. Una de las grandes sorpresas de esta casa es su entorno. No solo el bosque que la rodea, sino también la playa, que está a cinco minutos caminando y que aprovechan muchísimo durante el verano, pero que no se advierte desde el interior. “No hemos abierto la vista al mar, entonces tenemos dos realidades. Por un lado está el bosque, lleno de vida, que es como una especie de refugio. Y después sales al mar, que tiene otra escala, y donde se ven los volcanes de Chiloé continental”, cuentan.

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