Publication:

ED Habitar - 2021-09-01

Data:

Kunlé Adeyemi

Portafolio

Fotos NLÉ Texto Daniela González A.

En medio de un panorama que requiere acciones climáticas urgentes, el arquitecto nigeriano Kunlé Adeyemi se ha convertido en ícono de la sustentabilidad, con sus construcciones sobre el agua inspiradas en una comunidad flotante africana. En un país como Nigeria, donde el 40% de la población vive bajo la línea de la pobreza, es esperable la continua migración hacia su capital financiera: Lagos, una ciudad portuaria y con gran proyección económica que es también la más poblada en toda África. Sin embargo, la mayoría de quienes viven en Lagos no lo hace en sus enormes y modernos edificios, sino en barrios marginales. Uno de ellos es Makoko, una comunidad flotante −edificada sobre una gran laguna que rodea a la ciudad− donde viven más de 100 mil personas. Es un verdadero pueblo sobre el agua, con miles de casas de madera sostenidas en pilotes y cientos de pequeñas calles −de agua− por donde circulan sus habitantes en canoas. Muchos en Makoko viven de la pesca o del barro de los sectores más bajos de la laguna, que recolectan para vender a constructoras. El nigeriano Kunlé Adeyemi nació lejos de allí, en Kaduna, hacia el norte del país, pero estudió Arquitectura en la Universidad de Lagos. La primera vez que pisó la comunidad de Makoko fue en 2011, cuando tenía 35 años y una carrera cada vez más ascendente: había obtenido un postgrado en la Universidad de Princeton y había trabajado 9 años con Rem Koolhaas, arquitecto neerlandés galardonado con el Pritzker. Adeyemi estaba interesado, en ese entonces, en cómo la arquitectura jugaba un papel central en la esfera pública. Por eso, cuando llegó a Makoko, quedó impresionado. “En ese tiempo investigaba sobre viviendas asequibles. Si queríamos resolver el problema o encontrar soluciones, necesitábamos entender a las personas que hacían las viviendas más baratas de la ciudad”, dice. Lo que le daba vueltas a Adeyemi era cómo en Makoko habían podido hacer tanto con tan poco. Con eso en mente, se embarcó en el proyecto de construir una escuela flotante para la comunidad, en un proceso colaborativo. “Estuvimos un año yendo y viniendo, aprendiendo cómo hacían las casas sobre pilotes, sus sistemas de construcción, el tipo de madera que usaban”, cuenta. Entonces, terminaron ideando un prototipo triangular y modular, de 3 pisos. Su área de 220 metros cuadrados estaba sostenida por 256 barriles de plástico que la hacían flotar. Sin embargo, una serie de tormentas comenzó a afectar a este edificioembarcación. “Me di cuenta de que no solo estábamos tratando con el desafío de viviendas asequibles y urbanización rápida, sino también con el cambio de las condiciones climáticas”, dice. Finalmente el proyecto de la Escuela Flotante de Makoko terminó siendo apoyado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en el marco del Programa de Adaptación al Cambio Climático, y utilizado por la comunidad como escuela y centro de reunión desde 2013. Pero también significó para Adeyemi potenciar una línea de investigación que le interesaba: construir sobre el agua para adaptarse a ella.

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