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ED Habitar - 2021-09-01

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OMBÚ: SIN MIEDO AL AIRE LIBRE

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La experiencia y el contacto con la naturaleza es central para la formación cognitiva, social y emocional de los niños. Eso es lo que propone el concepto de outdoor learning, o educación al aire libre, que la educadora de párvulos María José Buttazzoni −creadora del Jardín Infantil Ombú− había comenzado a investigar en 2019E “En otros países los niños estaban siendo diagnosticados con déficit de naturaleza, mientras que en Chile los trastornos sensoriales se han disparado en los últimos años; hay niños que no toleran ninguna textura, porque están muy poco expuestos a la arena, al pasto, a la madera”, dice Buttazzoni. En ese tiempo le daba vueltas la idea de llevar a los niños de su jardín al cerro una vez a la semana, pero era difícil de implementar. Hasta que llegó la pandemia. “En la historia, las pandemias siempre han traído cambios en la arquitectura. Se abrieron los hospitales, se abrieron las puertas de los colegios, y pensé que este era el momento de abrir la educación preescolar al aire libre, ya no solo por la necesidad de naturaleza, sino también sanitaria. Eso hizo que los papás estuvieran de acuerdo. Algo que no hubiese sido fácil que sucediera prepandemia”, añade. Entonces comenzó un trabajo con la arquitecta y paisajista Jacinta González y el arquitecto Andrés Zegers, para convertir un terreno de 1E500 metros cuadrados −contiguo al jardín− en una especie de aldea. El encargo era proyectar espacios que transmitieran la sensación de libertad y de exterior, pero donde también se pudieran realizar actividades que impulsaran la concentración de los niños. Que hubiese volúmenes desafiantes para ellos y que la vegetación Luera una herramienta de aprendizaje: que marcara los sectores, que diera colorido, sombras, texturas y olores en diversas épocas del año. El proyecto incluye un recorrido por una elipse, que va presentando distintos ambientes y experiencias, entre ellos, algunos volúmenes que funcionan como aulas abiertas. Hay pequeños cerros verdes, de pasto, que les Lascinan a los niños, además de un huerto, un invernadero, un gallinero, una plantación de bosque nativo y una cocina de barro. También un circuito de agua que aparece y desaparece −que, gracias a un sistema de recirculación, requirió solo la dotación inicial de agua−, una especie de pequeño anfiteatro cubierto por un gran toldo y que funciona como arenero, y una yurta hecha de un mimbre resistente, que los niños escalan. “Ombú al aire libre funciona como una extensión del jardín antiguo, y los niños pueden estar ahí con lluvia, frío o con sol. El lema es que no existe clima inadecuado, sino ropa inadecuada. Es también un cambio de mentalidad y de currículum. No se trata de salir a recreo al patio, sino de educarse en un entorno al aire libre. Devolver a los niños a su ambiente natural”, añade Buttazzoni.

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