Publication:

ED Habitar - 2021-09-01

Data:

Cultura material

Óptica

Diseñador, arquitecto, Magister of Science, doctor en Arquitectura

Con el propósito de reflexionar acerca del diseño, sería bueno comenzar por el principio, como se aconseja, y no como sugería Lewis Carroll, saltarse los capítulos iniciales para saber anticipadamente cuál es el final del cuento. Platón brinda el relato de Protágoras presentando a Prometeo y a Epimeteo, a quienes los dioses le encomendaron preparar a la raza de los mortales, y fue Epimeteo quien repartió “las facultades a cada uno conveniente”. Mas por no ser Epimeteo gran sabio en todo, se le pasó por alto el que había derrochado las facultades en los irracionales; quedábale desguarnecida aún la raza de los humanos, y, desconcertado, no sabía cómo arreglarlo. Estando así, llega Prometeo para dar una mirada al reparto y descubre que los demás animales estaban cuidadosamente provistos, pero que el hombre había quedado desnudo, descalzo, descamado y desarmado”. Así fue que Prometeo, robando a Minerva y a Vulcano “la sabiduría hecha arte con fuego”, se la regaló al hombre. De este modo, “el que ve después” descuidó a los hombres y “el que ve antes” terminó de arreglar el asunto, a partir del cual el ser humano, beneficiario de dote divina -producto de un robo-, “con arte, articuló presto voz y nombres, e inventó casas, vestidos, calzado, camas y alimentos de la tierra. Provistos así los hombres, comenzaron a vivir dispersos... Buscaron cómo juntarse y salvarse, fundando ciudades”. Es decir, casi todo, solamente “le faltó la arte política”, que es otra historia. Hasta aquí, el mito relatado por el sofista Protágoras, que comenzó por el final y finalizó con el principio. Así se construyó el mundo humano, al revés, postergado, por la impericia de Epimeteo, pero el caso fue que, más allá de su indefensión, lo primero que logró hacer el ser humano fue observar el mundo natural que lo rodeaba. Aquí, la observación ciudadosa fue la primera condición humana antes que el previsor Prometeo lo dotara de su divina capacidad de inventar, de diseñar un paisaje artificial, de construir cultura; sin embargo, a partir de sus condiciones iniciales, la raza humana no dispuso de otro recurso que mirar tímidamente alrededor, tratando de comprender qué estaba sucediendo, sin atinar a producir nada. Supo de muchas cosas, pero no pudo hacer casi nada. Cuando Prometeo lo proveyó de la divina capacidad de proyectar y construir destinos, ya estaba armado de esa virtud de mirar y nunca pudo superar ese instinto inicial. Así, la llamada “cultura material” ocupó un espacio despreciable y despreciado en la vida en beneficio de la cultura letrada, cuando en realidad se había postergado y ocultado el hecho de que “toda” la cultura era material y que la observación de ella no era más que herencia de Epimeteo, y al intervenir Prometeo el relato y la interpretación se convirtieron en proyectos y todo el mundo creyó que solo esto era cultura: Epimeteo es espacio; Prometeo, tiempo; en fin, espacio-tiempo.

Images:

© PressReader. All rights reserved.