Publication:

ED Habitar - 2021-09-01

Data:

Emilio De la Cerda + Paula Velasco

Diálogo

Fotos Constanza Miranda Texto Francisca Maturana

La arquitecta Paula Velasco y Emilio De la Cerda, subsecretario del Patrimonio Cultural, nunca habían trabajado juntos hasta que coincidieron en el proyecto de la reconstrucción del Palacio Pereira. Ahí se reunieron para hablar sobre patrimonio, actualidad, ciudad y vivienda, en tiempos en que la arquitectura tiene mucho que decir. Huérfanos 1501, Santiago Palacio Pereira, 14:00 pm EMILIO DE LA CERDA: En 2011 yo estaba en la Secretaría Ejecutiva del Consejo de Monumentos Nacionales, en pleno desarrollo del conflicto del Palacio Pereira: se había aprobado un anteproyecto para construir una torre de 23 pisos aquí. Entonces, negociamos con el propietario la compra del terreno del Pereira y llamamos a concurso el 2012 para instalar acá la sede del Consejo de Monumentos y la Dibam (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos). Trabajamos con mucha gente en las bases, conscientes de que era un caso ultra emblemático, no solo porque iba a ser la sede de la institución patrimonial, sino también, porque era un ícono de los desafíos de la crisis del patrimonio en Chile. Dentro de los proyectos que concursaron, el jurado estimó como ganador el que presentó Paula Velasco, con Cecilia Puga y Alberto Moletto. PAULA VELASCO: Una de las gracias de este proyecto es que tuvo un trabajo en conjunto muy importante. No era solamente nuestro equipo y nuestros especialistas, sino que había una voluntad desde ese minuto −que era el primer gobierno de Sebastián Piñera y estaba el equipo tuyo con Magdalena Krebs− de sacar este proyecto adelante, de facilitar, y que fue transversal al gobierno de turno. E.C. Estoy muy de acuerdo. El Pereira es un caso ejemplar en varios sentidos. La obra original es muy especial, muy magnífica. Es una de las viviendas particulares que hizo Lucien Hénault. Por un lado, a nivel arquitectónico es muy interesante, porque incorpora este crucero invernadero en el centro del edificio. Por otro lado, este fue un monumento nacional destruido, el emblema de la insuficiente legislación patrimonial de Chile. Aquí se instalaba la institucionalidad patrimonial. P.V. Hicimos la lectura de entender que no se trataba solamente de resolver un tema de una pieza única, sino que se trataba de poder diseñar una estrategia que estuviera por sobre el edificio. Tanto las bases del concurso como todas las voluntades permitieron crear un material, una documentación, un estudio del edificio, de los procesos, involucrar a especialistas extranjeros (...). También nos pareció muy atractivo pensar que se estaba recuperando este palacio −que perteneció a una élite del momento− y que se designa el primer piso a un espacio público. Se entiende que este lugar tiene una cierta responsabilidad pública en entregar uso y goce a la ciudadanía. E.C. Y eso no fue una idea nuestra, fue un requerimiento del Ministerio de Desarrollo Social. Eso le dio una ganancia increíble al edificio. Hoy sería difícil entenderlo sin ese rol público. P.V. Creo que hoy el tema del patrimonio ha dejado de ser un nicho de especialidad puntual. Nosotros por primera vez trabajamos con un edificio patrimonial de esta envergadura, no nos podíamos declarar especialistas en patrimonio y yo creo que eso te permite tener una lectura más amplia y te obliga también a trabajar con un equipo. Nosotros no entendíamos este edificio únicamente como una pieza histórica, sino como una pieza que tenía que seguir hacia adelante, para 20 años más. PREGUNTAS QUE TRAE LA PANDEMIA P.V. Pienso que la pandemia ha puesto en crisis a la ciudad y viene a cuestionar el cómo la hemos construido. La ciudad en sí, a mi parecer, hay que repensarla. Apostar a tener ojalá ciudades dentro de ciudades, a que los usos de suelo sean mucho más diversos, a que sea la ciudad más homogénea, no en términos de recursos, sino en servicios, en oportunidades, que tú puedas vivir en un barrio en que las necesidades de salir de él sean mucho menores. E.C. Estamos tan encima de lo que está ocurriendo, que es súper difícil proyectar (...). La pandemia desnudó dinámicas urbanas que eran perniciosas. Por ejemplo, el tamaño de las viviendas, las distancias, la calidad urbana de lo que está inmediatamente cercano a tu vivienda. Esta lógica de que tú te desplazas 2 horas desde tu casa a trabajar entra en crisis profundamente con la pandemia, incluso en términos sanitarios. El transporte público, la densificación de la ciudad, consolidar los centros, evitar el crecimiento en baja densidad: todas esas discusiones centrales hoy se vuelven mucho más complejas. No creo que la pandemia vaya a ser definitiva en esto, creo que hay ciertas dinámicas que se van a reencauzar y otras que van a permanecer, como el tema de poder funcionar de forma remota. P.V. También el tema del movimiento. Me tocó estar en Pucón, y se ha duplicado la población. No solamente las ciudades van a entrar en una suerte de crisis y van a tener que ser repensadas por un montón de temas, sino que también todos aquellos pueblos o ciudades más pequeñas. La gente entiende ahora que no tiene que estar en el centro, no tiene que estar en la capital, eso va a impulsar esa descentralización que sería muy beneficiosa, pero que sin planificación puede ser muy catastrófica. E.C. La política nacional de desarrollo urbano en Chile me parece que da algunas claves y creo que siguen siendo válidas pospandemia. Tratar de pensar los desarrollos urbanos sobre la base, al menos, de cuatro factores temáticos: el desarrollo económico, que en general ha sido el que ha primado. El desarrollo medioambiental, que entra con una fuerza inusitada. El desarrollo social o el tema de la integración social y el patrimonio cultural como un factor también del desarrollo. Y le suman un quinto punto, que es el de la gobernanza e institucionalidad: cuál estructura de gobernanza puede generar esta articulación y me parece que ahí hay una clave en lo que dices tú, en los equilibrios de las diferentes dimensiones del desarrollo. P.V. Es bien importante no el qué se hace, sino el cómo, que tiene que ver con lo que se construye. No es solamente la ciudad. La vivienda es un tema importante en sí mismo y va a ser cada vez más complejo. El precio del suelo es cada vez mayor, pero yo pienso que si tú eres capaz de encauzar una ciudad a entregar un espacio público de calidad, con buenos servicios, heterogéneo, la vivienda puede ser algo más reducido, que no tenga que suplantar lo que la ciudad no puede entregar. Si tú tienes una ciudad de calidad en todos los términos, espacios verdes cercanos, servicios, empiezas a formar redes, comunidad, eso de alguna manera hace que, al tema de la vivienda −entendiendo que es un bien básico, así como la salud− se le quite peso. Al rol de la vivienda en tu bienestar, en la calidad de vida. E.C. Hoy tenemos un desacople entre el qué y el cómo, y me parece que, como muchas otras cosas, la clave está en el punto intermedio, en el equilibrio entre esas dos dimensiones de planificación. Algunos le llaman a eso el proyecto urbano o el proyecto, simplemente. Porque tú puedes tener un proyecto de planificación de densificación y de coherencia entre zonas vehiculares, transporte, la vivienda y el equipamiento, pero si lo que construyes tiene mala factura, mala calidad, mal oficio, por no llamarle belleza, en la forma construida hay algo que se pierde y que es irremediable, porque las personas nos relacionamos sensorialmente con las cosas. P.V. El cómo siempre se ve opacado por los recursos. Involucrar diseño es caro y como somos un país que no se puede dar ese lujo, de pensar en la forma, hay que resolver operando homogéneamente, con las mismas soluciones en todas partes sin caer en la identidad de cada lugar. Hay un mal entendimiento de creer que el diseño es caro, cuando básicamente es una condición para vivir. E.C. El cómo no es caro y en eso, obviamente, coincido contigo, sino que requiere mucha formación, un conocimiento disciplinar. El cómo significa el saber hacer, requiere aprendizaje, requiere formación disciplinar, no costo. Es lo que planteaba Aravena cuando decía que “la vivienda social no requiere caridad, sino calidad”. Cómo meterle cabeza a un problema difícil sacando el problema de costos, metiendo el problema táctico, político, estratégico, como le queramos poner. No creo que esta discusión esté separada del tema de la Convención. Me parece que no da lo mismo que la Convención Constitucional sesione en edificios de estampa republicana. De hecho, es muy decidor que la convención se esté desarrollando − fricciones más, fricciones menos−, entre el ex Congreso Nacional, el Palacio Pereira y, ahora, la Universidad de Chile, tres edificios de Lucien Hénault, tres edificios hechos por el mismo arquitecto en el mismo periodo. De alguna manera, inconsciente, se metió este bicho de la arquitectura republicana institucional, que no deja de ser súper curioso. Y, lo otro, y esto es ya como una hipótesis, que el lugar en el que uno piensa, la relación con esos lugares, su dignidad, tiene incidencia en el cómo se piensa un instrumento jurídico, que pretende normar nuestra convivencia y la distribución del poder. P.V. Es bien increíble porque esta pieza de este arquitecto, que responde a otra época, se vuelve a incorporar a este sistema de edificios públicos, habiendo sido pensado como un edificio de vivienda privada y para una élite. Vuelve, pero perteneciendo a la institucionalidad.

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